El exdelantero abrió su corazón y contó la lucha silenciosa que enfrenta tras su retiro del fútbol.
La imagen de Ezequiel Lavezzi siempre estuvo asociada a la alegría, las bromas y el talento dentro de la cancha. Sin embargo, detrás de esa fachada, el exjugador atraviesa hoy su partido más difícil: una batalla contra la depresión y problemas de salud mental que lo llevaron a tomar una decisión clave en su vida.
Lejos del ruido de los estadios, el Pocho reconoció que tocó fondo y que necesitó ayuda profesional. “Tuve que internarme para reorientar mi vida”, confesó, dejando en claro la dimensión del momento que atraviesa. La internación en una clínica especializada fue el resultado de un desgaste emocional profundo que venía arrastrando desde hace tiempo.
El propio Lavezzi fue contundente al describir su situación: habló de ansiedad, pensamientos negativos y una sensación constante de oscuridad, un combo que lo llevó a entender que no podía salir solo. Ese reconocimiento, lejos de ser una debilidad, marca un punto de inflexión en su proceso de recuperación.
En este camino, su hijo se convirtió en el principal motor para salir adelante. El ex San Lorenzo dejó en claro que hoy su prioridad es reordenar su vida, sus hábitos y su salud, con la mirada puesta en construir un futuro más estable.
El entorno del exfutbolista también fue clave para contenerlo y acompañarlo, desmintiendo versiones erróneas y remarcando que se trata de un tratamiento integral de salud mental. La recuperación, como él mismo entiende, no es lineal, pero sí necesaria.
Con pasado en clubes como Napoli y Paris Saint-Germain, además de su etapa en la Selección Argentina, Lavezzi supo tocar la cima del fútbol. Hoy, su objetivo es otro: volver a estar bien consigo mismo.
“Siento orgullo por haber aceptado mi fragilidad”, expresó, en una frase que resume su presente. Una historia que expone que, más allá del éxito deportivo, la salud mental es una lucha real y que pedir ayuda puede ser el primer paso para volver a empezar.