El delirio es desvariar, desencaminarse, literalmente “apartarse del surco” (surco, en latín es “lira”). En el lenguaje común sabemos qué o quién es una persona delirante. Y a veces, el delirio provoca miedo, temor y temblor (tremens). En el lenguaje médico suele aplicarse a los síntomas que presenta una persona alcohólica ante la abstinencia.
Por Eduardo de la Serna
Para Página 12
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Los argentinos “de bien” sabemos acabadamente cómo es un delirante. ¡Nos gobierna! Y, si, además, sabemos que es el bufón del que se autopercibe rey mundial, pues la cosa se complica.
Es sabido que, desde antes de su elección, las huestes de Donald Trump (por ejemplo, Steve Bannon) miraban con muy malos ojos al cardenal Robert Prevost, luego elegido Papa, León XIV. No es este el momento de evaluar el casi año de pontificado de León (debo confesar que, personalmente, no ha logrado – hasta ahora – convencerme… pero eso a nadie debe importar, al fin y al cabo). Lo cierto es que hay, fundamentalmente dos cosas que al monarca gringo le molestaban del Papa: su postura frente a los migrantes (1) y su postura frente a la paz (2). Así fue que las relaciones entre ambos no parecen estar en buen momento. Trump ha dicho ahora que el papa es débil con el crimen y terrible en política exterior. El crimen (1) es sinónimo de los migrantes para el delirante. Parece que, si no fuera por estos, EEUU sería el mismísimo paraíso… Claro que los presidentes que lo han precedido (y de los que ha aprendido), que han guerreado y bombardeado el mundo entero, los traficantes de armas, los que deciden hacer tiro al blanco contra escuelas o centros comerciales, los que enseñaban tortura, genocidio y terrorismo de Estado, o los Epstein de la historia parecerían contradecirlo… Y la política exterior (2) parece referir a la “evidente civilización” que llevan los EEUU al mundo invadiéndolos, bombardeándolos, secuestrando presidentes… Y, finaliza Trump, “no quiero un papa que…” haciendo referencia a Irán, Venezuela y a él mismo. Reitero, en lo personal, lo que él quiera o lo que yo quiera, no es tema en cuestión (claro que él tiene poder, lo que no es mi caso).
Pero en su delirio, ahora difunde imágenes mostrándose a sí mismo como Jesucristo. Y no entro en el terreno de si se trata o no de blasfemia… Sí de delirium tremens. Y, de paso, no está de más pensar qué les ocurre a los miles de personas que lo ven bien, o que lo celebran; ¿qué tienen en sus mentes (si es que las usan)?
Pensar que una persona así de megalómana, así de desquiciada, así de absurda lleva los destinos del país (o del que fue) más poderoso de la tierra, es peligroso. Somos nosotros los que “temblamos” ante su delirio.
Si después vemos la animación paródica-payasesca de Javier Milei autopercibiéndose como Diego Maradona (al cual detesta), hecha por alguien que desconoce lo mínimo del fútbol (el arquero usa una camiseta distinta de la de su equipo, como el mismo Milei ha afirmado en una de sus pocas referencias sensatas) … Todo esto me lleva a una pregunta, que va en otra dirección (no contraria, por cierto) del tema del Papa… ¿Qué ha pasado en el mundo? Afortunadamente ha desaparecido la era de la “manicomización” de las personas “locas”… pero una cosa es no encerrarlos, y otra muy diferente es encargarles los destinos de una patria. A menos, claro, que esa “locura” sea contagiosa, cosa que, los que saben, dicen que no es el caso.
Una cosa es pensar distinto, y otra cosa muy diferente es ungir, sacralizar hasta el punto de que todo el diferente debe ser insultado, agredido, bombardeado, maltratado… Y, de paso, en la Biblia, por doquier (y eso que Israel se autopercibe como “el pueblo elegido”), se habla de respeto a los migrantes (1): “recuerda que tú fuiste migrante…”, y el mismo Jesús se identifica con ellos: “lo que hicieron a uno de ellos a mí me lo hicieron”. Y, por otra parte (2), la búsqueda persistente de la paz identifica a Israel (shalom) y es característico del niño nacido en el pesebre: “paz en la tierra a los preferidos de Dios”, y es saludo del resucitado a sus amigos: “¡paz a ustedes!”. Entonces, ¿de qué pretende el cómico que hable un papa? Sea el que fuere, mejor o peor papa, no puede sino decirlo: abrazar a los migrantes y trabajar por la paz.
Es cierto que también en la Biblia se hace referencia a que puede ocurrir lo contrario, por eso, expresamente se dice “no maltratarás al migrante” y también que la paz de Jesús “no es como la paz que da el mundo”. Pero deja bien claro, a los “judíos de bien” y a los “cristianos de bien”, dónde deben posicionarse en la historia. Y, lo siento, Donald… lo siento, Javier… ¡no es del lado de ustedes!