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Opinión y Actualidad

Ataque en Santa Fe: cuando la declaración de guerra trae consecuencias

Sobre las armas que hoy les enseñamos a nuestros y nuestras jóvenes.

Hoy 07:37

Por Sergio Zabalza
Para Página 12

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En una escuela de nuestra nación, un alumno ingresó armado al aula y mató a un compañero. Es la misma nación donde un presidente no solo amenaza, insulta y agravia sino que también le declara la guerra a un país agredido por dos estados cuya manera de resolver los conflictos es el crimen, en especial el de los niños, como el que acaba de morir en la ciudad de Santa Fe a manos de un compañero que vive en esta nación, en este mundo. “El que quiera andar armado, que ande armado”, dijo hace unos pocos años la que hasta hace unos meses era la ministra de Seguridad del presidente que amenaza, agravia e insulta.

Lo cierto es que si alguna responsabilidad les toca a los adultos en el cuidado, educación y crianza de niñes y adolescentes, es precisamente la de protegerlos de sus más primarios y propios enconos, los cuales pueden llevarlos a cometer actos indebidos cuando no horrendos. Creer que una persona, por su condición de niñe o púber, es incapaz de infligirle daño a un amigo o compañero supone una grave irresponsabilidad por parte de los adultos, sean estos padres, docentes, jueces, tutores, etc. Detrás de cualquier acto agresivo por parte de menores (abusos sexuales incluidos, por si fuera necesario aclararlo), hay un adulto que mira para otro lado.

Hoy ese adulto es un señor que a los gritos, insultos y las más groseras descalificaciones para quien piense distinto, exhibe una motosierra como símbolo del corte terminal que pretende aplicar contra todo aquello que suponga una convivencia civilizada: derechos humanos; distribución de riqueza; respeto a las diferencias, al medio ambiente, al estado nacional; al intercambio comercial con países no alineados; a la salud y la escuela pública y gratuita; y varios etcéteras más que, por supuesto, alientan la libertad. De acceder a las armas, claro. Y de defender la esclavitud, claro.

¡Qué poco que hemos aprendido! Hoy se vuele a repetir la misma tragedia que en Carmen de Patagones en el año 2004 cuando a las 7.35 horas de la mañana un alumno se paró en el frente, sacó una pistola y comenzó a disparar a sus compañeros. Hoy tres de ellos están muertos. Los otros cinco sobreviven. El atacante tenía quince años y se hacía llamar “Junior”. Su padre era suboficial de la prefectura. Y el dueño del arma. El padre de Junior fue suspendido 45 días (45 días) por dejar a la vista y alcance de su hijo el arma que mató a tres pibes de 15 y 16 años: Evangelina, Federico y Sandra.

Hace unos meses en la ciudad de Mendoza una púber de catorce años se encerró con un arma en un aula de su escuela. Ningún adulto le había creído el abuso sufrido por un preceptor que ahora está preso. ¿Hasta dónde un/a tiene que llegar un niño/a para que alguien lo escuche, lo calme, lo acompañe? ¿Vamos a solucionar estos horrores con la baja de la edad de imputabilidad? ¿O con la autorización para invertir a los niños/as de trece años para invertir en el mercado de valores?

Lo cierto es que estas líneas no procuran establecer diagnósticos psicopatológicos de nadie. Antes bien nos interesa preguntarnos: ¿qué armas necesitan los y las jóvenes y cuáles les estamos enseñando?

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