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Mundo

El petróleo, en el centro de la guerra entre EE.UU. e Irán

La disputa por el estrecho de Ormuz y las amenazas sobre instalaciones energéticas marcan una nueva fase del conflicto.

Hoy 16:06

El creciente frente de guerra en Medio Oriente quedó al borde de una peligrosa escalada. La amenaza de Donald Trump de destruir el sistema eléctrico iraní puso a la región en alerta máxima. Se trata de un escenario que podría provocar daños inimaginables por las eventuales represalias del gobierno de los ayatollah a los países del Golfo e Israel.

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“Si Irán no abre completamente, sin amenazas, el estrecho de Ormuz dentro de 48 horas desde este momento exacto, Estados Unidos atacará y destruirá sus distintas plantas de energía, comenzando por la más grande”, dijo el presidente estadounidense este domingo en su red Truth Social.

La respuesta fue inmediata. El influyente titular del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, amenazó con destruir “irreversiblemente” las infraestructuras energéticas, de tecnología de la información y de desalinización de agua de la región.

Estas amenazas mutuas podrían llevar a la guerra a un nuevo plano, ya agravado por ataques a infraestructuras petroleras y gasísticas que golpearon Irán y a distintos países del Golfo con fuertes consecuencias en el sector petrolero y el comercial mundial.

“Si Estados Unidos cumple sus amenazas, supondrá una peligrosa escalada, dada la posibilidad de una represalia iraní en toda la región”, resumió el analista egipcio Abdullah Al-Arian, académico de la Universidad de Georgetown, en Doha, Qatar.

Trump es el único que tiene la llave para detener esta guerra que ya entró en su cuarta semana.

Pero sabe que declarar un triunfo sin la reapertura del estrecho de Ormuz, a pesar de la impactante supremacía militar de la coalición estadounidense-israelí, será una victoria pírrica por el elevado impacto económico del cierre de ese paso clave donde navega el 20% del petróleo y el gas natural del mundo.

Necesita mostrar algo más al electorado de su país que este año renovará el Congreso en las elecciones de medio término. La amenaza de atacar objetivos energéticos no parece ser una señal de desescalada, sino todo lo contrario. La guerra está entrando en una nueva fase.

Irán ya demostró que responderá cada golpe y que mantiene la estabilidad interna en base a un férreo control represivo. Su estrategia es simple.

“Es evidente que Irán busca atraer a Estados Unidos e Israel a una escalada de tensiones y dictar el ritmo y la naturaleza de dicha escalada, como lo demuestra el ataque a las instalaciones petroleras de los estados árabes del Golfo Pérsico”, dijo el analista Mehran Kamrava, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Georgetown de Qatar.

Para el especialista en Medio Oriente, Irán “no solo pretende con esto elevar los precios del petróleo y, por lo tanto, presionar a Trump, sino también promover su doctrina de que la seguridad de las instalaciones y exportaciones petroleras debe garantizarse para todos los estados del Golfo Pérsico, incluido para Irán”.

En represalia, Trump amenaza con subir la apuesta. Si cumple su amenaza de destruir la infraestructura energética puede abrir la puerta a un escenario de devastación en el Golfo.

Ebrahim Zolfagari, portavoz del Cuartel General Central Jatam al Anbiya, que coordina a las Fuerzas Armadas iraníes, dijo que Teherán cerrará totalmente el estrecho de Ormuz. Hasta hoy, solo está pasando el 5% del tráfico habitual bajo permisos especiales.

Pero además amenazó con atacar las infraestructuras energéticas y de tecnologías de la información en Israel; a las empresas en la región con participación estadounidense y a las centrales eléctricas de países que alberguen bases militares de Estados Unidos. También en la mira están las plantas de desalinización, vitales en una región con escasísima agua dulce.

Pero no solo Irán y los países del Golfo están en riesgo. Más allá de su eficaz Cúpula de Hierro antimisilística, que mantiene una tasa de éxito del 95% ante los ataques iraníes, Israel podría sufrir esta escalada.

“Hasta el año pasado, ambas partes parecían evitar ataques directos a la gran infraestructura de combustibles fósiles. Ahora, con los activos energéticos aparentemente fuera de los límites, los expertos advierten que los sistemas interconectados de gas, electricidad, combustible y agua de Israel podrían estar peligrosamente expuestos”, advirtió The Media Line, un sitio estadounidense especializado en Medio Oriente.

Según el reporte, “las plataformas de gas, refinerías, tanques de almacenamiento, infraestructura energética y plantas de desalinización de Israel están estrechamente vinculadas. Un ataque exitoso en una parte de ese sistema podría interrumpir a varias otras, afectando no solo los suministros de energía, sino también el tratamiento del agua, la refrigeración y otros servicios esenciales”.

Esa realidad hace que el país sea “más vulnerable que nunca”, advirtió el ambientalista y empresario israelí estadounidense Yosef Abramowitz.