No se trata de oponer libros y tecnología, sino de entender que ofrecen experiencias distintas y complementarias.
Por Tomás Meabe, en Infobae
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El verano suele asociarse al descanso, pero en la práctica muchas personas continúan expuestas a altos niveles de estímulo digital. El uso intensivo de redes sociales, plataformas de streaming y notificaciones constantes no se toma vacaciones y, en muchos casos, impacta directamente en el bienestar y los niveles de ansiedad. En ese contexto, la lectura aparece como una herramienta simple y efectiva para desacelerar.
Diversas investigaciones muestran que leer puede contribuir a reducir el estrés. Un estudio de la Universidad de Sussex (Inglaterra) señala que tan solo seis minutos de lectura pueden disminuir los niveles de estrés hasta en un 60%, al favorecer la concentración y reducir la sobreestimulación mental. A diferencia del consumo fragmentado de contenido audiovisual, la lectura propone una atención sostenida que ayuda a ordenar el pensamiento y a bajar el ritmo.
Este fenómeno se da en paralelo a un dato relevante para la industria editorial: a pesar del crecimiento sostenido de las plataformas de video y streaming, el libro sigue siendo un consumo cultural vigente. A nivel global y regional, el mercado del libro se ha mantenido estable en los últimos años, con picos de crecimiento en formatos como el e-book y el audiolibro, que conviven con el libro físico. Lejos de desaparecer, la lectura se adapta a los nuevos hábitos sin perder su valor diferencial.
Durante el verano, cuando los horarios se flexibilizan y disminuyen algunas obligaciones, muchas personas retoman la lectura por elección y disfrute. Novelas, ensayos o libros de divulgación se convierten en una alternativa para desconectarse de las pantallas sin renunciar al entretenimiento. No se trata de oponer libros y tecnología, sino de entender que ofrecen experiencias distintas y complementarias.
En el caso de niños y adolescentes, el rol de la lectura cobra aún mayor relevancia. Las vacaciones suelen implicar un aumento del tiempo frente a dispositivos, y los libros funcionan como una opción concreta para equilibrar ese consumo. Leer en familia o recomendar lecturas acordes a cada edad no solo estimula la comprensión y la imaginación, sino que también favorece hábitos más saludables de uso del tiempo libre.
En un escenario marcado por la hiperconectividad, leer es una decisión consciente vinculada al bienestar. Los libros siguen ofreciendo algo que escasea: pausa, profundidad y foco. Y esa necesidad, incluso en la era del streaming, sigue más vigente que nunca.