Durante décadas, misiones como Landsat ofrecían una visión macro: deforestación, manchas urbanas y cambio climático con precisión de bloque. Pero el satélite tiene un límite, un "punto ciego" que no puede atravesar: la realidad caótica del metro cuadrado. No puede medir la profundidad de un bache, la disposición interna de un desguazadero de autos o la infraestructura informal de un asentamiento marginal. Ahí es donde entra el relevamiento en terreno, una oportunidad de negocio que está redefiniendo el concepto de "inteligencia accionable".
Para un emprendedor de servicios, la oportunidad es clara: mientras las grandes corporaciones se pelean por la resolución de la imagen desde el espacio, un nicho muy rentable está en el relevamiento hiperlocal. Los sistemas de inteligencia artificial dependen de datos de campo precisos para entrenarse; ellos son el combustible que hace funcionar el motor de la economía digital.
Primero, el "Lobo Estepario" de los Datos (REVOLUTIONARY GIS, EEUU), utiliza un modelo de low overhead absoluto. Una o dos personas en un motorhome, equipada con drones y software de código abierto como QGIS, recorre desguazaderos y depósitos fiscales. ¿Su producto? Geodatabases con conteos precisos de vehículos y capas de datos para aseguradoras que alimentan con ellos sus modelos de IA. Es la prueba de que un emprendedor ágil puede cubrir, al menos en parte, lo que se hace con flotas corporativas.
Otro de los modelos que monetiza geodatos es el de la auditoría Industrial (PreZero, Alemania): Aquí el negocio escala hasta un a nivel de producción corporativo. Equipos en terreno auditan centros de reciclaje y gestión de residuos para generar informes de cumplimiento bajo normativas ambientales estrictas. La monetización llega vía contratos con gobiernos locales a largo plazo, donde el dato verificado en el sitio es el activo principal de la economía circular.
Infraestructura y AgriTech de Precisión (SpatiaGEO, Brasil): navegando por terrenos escarpados y bajo coberturas nubosas que ciegan al satélite, esta firma combina drones y GPS para topografía aplicada al agro y obras civiles. En mercados como el argentino o brasileño, delimitar con precisión un lote de soja o planificar una ruta es la diferencia entre la rentabilidad y el fracaso.
Oportunidades concretas para el mercado argentino
Para el inversor o empresario de servicios en Argentina, el camino a seguir es la experimentación estratégica. No hace falta lanzar un nano satélite; basta con drones que se pueden comprar en mercado pago o Amazon y una visión clara de los espacios ignorados, sobre todo de aquellos que prometen valor si se estudian con criterio.
La escasez de datos de campo frente a la sobreoferta de imágenes satelitales es una asimetría que grita "oportunidad". Ya sea mapeando corredores de biodiversidad para turismo sustentable o realizando relevamientos de activos industriales, el éxito favorece a quienes están dispuestos a dejar el escritorio y embarrarse en el terreno.
El mensaje para la nueva generación de "mapeadores" (con pies de plomo sobre la tierra) es simple: el satélite pone el mapa, pero el recolector de datos en campo pone la visión y el dato preciso. Porque en el mercado de datos, los geoespaciales y de los otros, la verdad chequeada se paga muy bien.