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Opinión y Actualidad

Dios está en todas partes, pero tuitea en Buenos Aires

Las redes sociales reflejan sobre todo a los actores y a los conflictos en la política porteña, e invisibilizan lo que ocurre en las provincias.

Hoy 06:39

Por Gonzalo Abascal, en Clarín

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La estadística es contundente: el 70% de las tendencias políticas en redes en la Argentina corresponde a personajes y conflictos con base en Buenos Aires, y los episodios que las originan ocurren en un radio de 20 kilómetros alrededor de la Casa Rosada y el Congreso.

¿Y las provincias? Bien, gracias.

Así lo verifican, entre otros, el monitor de la red X y las tendencias de Google durante 2025.

No es novedad, podría pensarse. Apenas un cambio de plataforma del histórico centralismo porteño. Una adaptación al presente de hábitos centenarios.

Pero vale mirarlo de cerca. La razón es fácil de entender: los algoritmos definen la viralización priorizando el "ruido" rápido, el contenido con más reposteos, comentarios y reacciones. La declaración explosiva resulta ideal a esa lógica.

Con los principales núcleos de producción de contenidos ubicados en Buenos Aires, realidad que se potenció con el surgimiento de los canales de streaming (que trabajan con sus equipos de redes para expandir su material), los algoritmos interpretan como "lo nacional" a lo que ocurre en la Capital y el AMBA.

Y si en el caso de un editor podía esperarse una culposa búsqueda de equilibrio, en las redes esa expectativa resulta inútil. Como sabemos, el algoritmo no tiene conciencia.

Pero el rompecabezas ofrece más piezas. Según el Pew Research Center de los Estados Unidos, hasta el 60% del contenido digital de los diarios y los medios tradicionales en ese país tiene como fuente un posteo en una red social o un video viral. El fenómeno, conocido como Screenshot Journalism (Periodismo de captura de pantalla), reconfiguró a una gran cantidad de medios como reproductores de lo que circula, espejos del algoritmo, y ya no emisores de la novedad. Todo indica que en nuestro país se reproduce esa dinámica, incluso con mayor gravedad por la falta desarrollo económico y social en algunas provincias.

En un seminario en 2025 sobre la automatización de los medios, los investigadores Albright y Anderson determinaron que ese 60% del flujo informativo diario (sobre todo en temas como Política, Espectáculos y Tendencias sociales) es de carácter reactivo, es decir que nace de la curaduría de lo que es tendencia en X, Truth Social o TikTok.

El círculo lo completa el dato a esta altura viejo y repetido de que la mayoría de los ciudadanos se informa por las redes sociales. Según el Reuters Institute, en 2025 creció el uso de redes (incluyendo Google) como fuente principal de noticias, mientras que el acceso directo a los sitios web de los medios cayó un 10% globalmente en los últimos dos años.

Se entiende (no se justifica) porque el Gobierno gestiona como una sucesión de intervenciones diseñadas para el algoritmo. Atento a las tendencias en el universo digital, sabe que el grito o la chicana prevalecerá sobre el más sofisticado de los argumentos. Por eso el tuit reemplazó a la conferencia presidencial y al boletín oficial.

La conclusión es paradojal. Mientras en las ciudades del interior del país crece el número de webs informativas locales, muchas de ellas reproducen el contenido viral, mientras se intensifica la invisibilidad de su agenda local.

Lejos de convertirse en instrumentos de la pluralidad y de distribuir las voces del interior, las redes profundizan una disparidad heredada. Dios ya no sólo atiende, también tuitea desde Buenos Aires.