El curioso incidente se registró en la ciudad de Añatuya. Un motociclista embistió un auto estacionado y la policía descubrió que el rodado menor tenía pedido de secuestro por robo.
Un simple accidente de tránsito en las calles de Añatuya derivó en un importante procedimiento policial. El rodado en el que circulaban tenía pedido de secuestro desde noviembre de 2018. El supuesto dueño se presentó en el lugar con un fuerte aliento etílico y terminó en la comisaría.
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Lo que comenzó como un rutinario reporte de accidente vial terminó convirtiéndose en el cierre de una causa por robo que llevaba casi ocho años abierta. Minutos antes de las 22 horas del viernes, la intersección de avenida Belgrano y Tasiano Tendola fue el escenario de un incidente que parecía no tener mayores complicaciones, hasta que la policía consultó el sistema informático.
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Todo se inició cuando un hombre de apellido Paz, residente del Barrio Villa Abregú, circulaba a bordo de una Motomel 110 cc en sentido este a oeste. Por causas que aún se tratan de establecer —aunque se presume una marcada falta de atención— el conductor no advirtió la presencia de un Fiat Siena que se encontraba debidamente estacionado y terminó impactando contra el vehículo. El choque provocó daños visibles en el zócalo y el espejo retrovisor del automóvil, propiedad de una vecina del Barrio 120 Viviendas.
El auto que fue embestido por la moto con pedido de secuestro estaba estacionado.
Mientras el personal de prevención de la Departamental 13 realizaba las actas de rigor, la situación tomó un tinte tenso. Al lugar arribó un joven identificado como Aranda, también vecino del Barrio Villa Abregu, quien manifestó a viva voz ser el propietario de la motocicleta.
Según consta en el informe policial, Aranda presentaba un evidente estado de alteración y emanaba un fuerte aliento etílico, lo que encendió las alarmas de los efectivos.
Ante la actitud sospechosa y el desorden generado, los uniformados procedieron a realizar una verificación más exhaustiva. Al ingresar el número de motor en la base de datos de la planta verificadora, el sistema arrojó un resultado contundente: sobre la Motomel pesaba un pedido de secuestro activo desde el 23 de noviembre de 2018, tras una denuncia por robo radicada en la Comisaría 41.
Lo que había comenzado como una distracción al volante terminó con el secuestro preventivo del vehículo y el traslado de Aranda hacia la sede policial.
El personal de la Comisaría 41 tomó intervención en el caso para continuar con las diligencias legales y determinar cómo llegó a manos del demorado un rodado que era buscado por la justicia desde hace casi una década.