La Lepra mendocina le ganó por 2 a 1 al Decano en el Estadio Bautista Gargantini por la primera fecha del torneo, en un encuentro que duró más de lo esperado ya que se suspendió por una intensa tormenta.
Al partido no le faltó absolutamente nada. Tuvo todos los condimentos posibles, al punto que arrancó un día y terminó al siguiente, ya en pleno aniversario número 113 de Independiente Rivadavia. Apenas iniciado el segundo tiempo, la lluvia que había comenzado en el entretiempo se transformó en tormenta intensa, con granizo, actividad eléctrica y corte de luz, lo que obligó a una larga interrupción.
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La incertidumbre creció con el correr de los minutos: el clima no cedía, el suministro eléctrico no regresaba y el estado del campo de juego generaba dudas, aunque terminó resistiendo. Para completar el combo, la reanudación volvió a demorarse por la falta de conexión con Ezeiza para el VAR, estirando aún más una noche que parecía interminable.
En lo futbolístico, el partido también fue bien completo. Desde el arranque, la Lepra mostró sus credenciales, pobló el campo rival y comenzó a imponer condiciones. Esa superioridad se reflejó rápido en el marcador con el gol de Matías Fernández, quien decidió quedarse en el club pese al interés de otros equipos y abrió la cuenta con un remate cruzado tras un centro desde la izquierda.
A partir de allí, el local fue más, encontró espacios y tuvo chances para ampliar la ventaja, pero la falta de efectividad casi le pasa factura. Sobre el cierre del primer tiempo, cuando parecía más cerca el segundo gol mendocino, José Florentín intentó despejar en su área y se llevó puesto a Leandro Díaz. Tras la revisión en el VAR, Ferreyra sancionó penal y el propio Loco Díaz lo cambió por gol para el 1-1.

Con el partido reanudado tras el parón, el desarrollo se volvió más parejo y quedó abierto para cualquiera. El conjunto tucumano tuvo sus oportunidades, pero no las aprovechó, y la Lepra, que olió sangre, esta vez no perdonó. Cerca del final, en una pelota parada, Alejo Osella apareció para marcar el 2-1, en una acción polémica que dejó dudas sobre si la pelota ingresó por completo.
El gol desató el delirio en el Bautista Gargantini, que recibió los 113 años del club con una mezcla de fiesta, carnaval y mucha ilusión. Una noche eterna, caótica y emotiva, que terminó con Independiente Rivadavia celebrando como manda su historia.