En su intervención, el papa dijo: “Dios ama esperar con el corazón de los pequeños, implicándolos en su designio de salvación. Cuanto más bello es el designio, tanto mayor es la esperanza. El mundo avanza así, impulsado por la esperanza de tantas personas sencillas, desconocidas pero no para Dios, que a pesar de todo creen en un mañana mejor”.
En este sentido, aludió al Jubileo, el Año Santo abierto por su antecesor Francisco y que él mismo clausurará este 6 de enero tras haber atraído a Roma a decenas de millones de peregrinos de todo el planeta en busca de indulgencia en el umbral de la Puerta Santa.
Este evento, dijo, “es la señal de un mundo nuevo, reconciliado y renovado según el diseño de Dios”, y agradeció a todos aquellos que se han involucrado en su organización, unas palabras escuchadas por el alcalde romano, Roberto Gualtieri, sentado en primera fila.
El cierre de la ceremonia
Luego de concluir la ceremonia, el pontífice estadounidense-peruano salió de la basílica mientras se entonaba el ‘Adeste fideles’. Poco después, apareció en un auto en la Plaza de San Pedro para cumplir con la tradición de visitar el Portal de Belén, que está instalado ahí.
León XIV pudo apreciar las figuras del Portal y llegó incluso a subir unos escalones de la representación para meterse entre sus figuras, de tamaño humano, y observarlas con mayor detalle. Después, el papa saludó a los muchos fieles sorprendidos por su presencia en la plaza vaticana. Le dieron la mano y recibieron bendiciones, según reseñó EFE. Decenas de ellos le hablaron en español, al saberse de los años de Prevost como misionero y obispo en Perú.
Los ritos propios del periodo navideño seguirán en Año Nuevo, este jueves, con la misa en la basílica vaticana por la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios. Esta ceremonia coincide, cada año, con la Jornada Mundial por la Paz.