Con la llegada del calor, el sol y las flores, muchas personas experimentan astenia primaveral, un cansancio pasajero que no es enfermedad pero sí refleja la adaptación del cuerpo a los cambios estacionales.
La llegada de la primavera trae consigo días más largos, temperaturas agradables y paisajes florecientes, pero también puede generar un fenómeno poco conocido: la astenia primaveral. No se trata de una enfermedad, sino de una respuesta natural del organismo ante los cambios de luz, temperatura y presión atmosférica.
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“El cuerpo necesita tiempo para ajustarse al nuevo ritmo ambiental”, explica Santiago Taboada Rivas, médico español miembro de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia. Según el especialista, esta adaptación puede producir fatiga, somnolencia diurna, falta de apetito, sensación de aturdimiento y dificultades para concentrarse.
Los cambios estacionales afectan al reloj circadiano, el sistema interno que regula nuestros ciclos de sueño y vigilia. Laura Palomares, psicóloga y directora de Avance Psicólogos en España, señala que la glándula pineal segrega menos melatonina, hormona que induce el sueño, mientras que disminuyen serotonina y endorfinas, asociadas al bienestar y la motivación.
De acuerdo con Delia García Moratilla, psicóloga de Blua Sanitas, estos ajustes hormonales explican la sensación de “baterías bajas” y los cambios de ánimo típicos de la estación. “El cuerpo tarda más en producir melatonina y puede costar conciliar el sueño. Además, el cambio de hábitos y rutinas puede generar estrés o sensación de desajuste”, agrega.
La buena noticia es que estos síntomas son temporales. Según Taboada, el organismo suele adaptarse en una o dos semanas. Si la fatiga persiste por más de un mes, es recomendable acudir al médico para descartar otras causas. Estudios indican que hombres, niños y adultos mayores son los grupos más sensibles al cambio estacional.
Para atravesar la primavera sin perder vitalidad, los especialistas recomiendan:
Más allá del cansancio, la primavera es una oportunidad para reconectarse con los sentidos: caminar al sol, ajustar los horarios al nuevo ritmo de luz y disfrutar de comidas más ligeras. Como concluye Palomares, la vitalidad y el ánimo se recuperan con el tiempo, dejando paso a un cuerpo que se adapta y a un estado de bienestar renovado.