Romina, compartió en una mesa en vivo de Noticiero 7, su experiencia como mamá de Tici, destacando la importancia de comprender que "la normalidad no existe" y la necesidad de una sociedad más abierta ante las diferencias.
Tici tiene 11 años, está en séptimo grado y es una niña que irradia luz a pesar de los desafíos que la vida le presenta. Su madre, Romina Dabien, se refiere a ella como "risueña, ocurrente, curiosa, genuina, tenaz, solidaria, valiente, sensible y espontánea", destacando sus cualidades más brillantes, aquellas que la definen como una persona que "siempre lo intenta", incluso con dudas y miedos.
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El camino hacia el diagnóstico no fue fácil para Tici ni para su madre. En diálogo con Noticiero 7, Romina comentó cómo fue diagnosticada: “A Tici le diagnostican a los 4 años, yo no tuve indicaciones de nadie que me diga, ‘bueno mamá aquí hay algo’, pero soy docente también, así que había algunas cositas que me alarmaban y decidí hacer yo una consulta y bueno, llegamos al diagnóstico", relató.
Aunque el diagnóstico inicial fue confuso, no fue hasta los 8 o 9 años que finalmente le dieron el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA). “En un primer momento el diagnóstico fue trastorno generalizado en el desarrollo, incluso en el carnet de discapacidad de Tici, su diagnóstico es retraso mental, dificultad en el aprendizaje. Eso también dificulta a veces un poco que los papás puedan encontrar el camino acertado", explicó Romina. La incertidumbre del diagnóstico llevó a la familia por un largo camino de terapias, consultas y viajes.
El embarazo de Romina también estuvo marcado por dificultades. "Tici dejó de crecer a los cinco meses mientras estaba en la panza y tuvo que pasar por una etapa de muchos estudios. En los cinco meses de mi embarazo, la doctora detectó que mi panza era muy pequeña, pero no me indicaron ni estimulación, ni ninguna otra recomendación. Hicimos vida normal hasta que empezó el jardín", contó.
Fue durante la etapa del jardín donde Romina empezó a notar algunas señales en Tici: dificultades en el dibujo, en su motricidad y en su movilidad. “Ahí empezamos las consultas, muchos estudios, que nos fueron llevando a encontrar su diagnóstico", recordó.
Vivir con autismo, según Romina, es aprender todos los días. “Es vivir con miedo a veces porque nosotros como sociedad estamos acostumbrados a una normalidad, una normalidad que en realidad no existe. No sé si podría contestar exactamente cómo es vivir con autismo porque lo voy aprendiendo día a día, ella es la que me muestra el camino", explicó. Y no solo Tici le enseña a su mamá, sino también sus alumnos, ya que Romina es docente: “El espectro es muy amplio, no hay una sola forma de ser autista. Todos son distintos, así que con Tici y mis niños en la escuela voy aprendiendo maneras distintas de ser e incluso de poder dar”.
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El mensaje de Romina para otros padres y la sociedad es claro: "Hay que sacarnos este mito de que no sabemos cómo tratar con ellos, es cuestión de conocerlos, de preguntarles qué les interesa, qué les gusta, a qué le tienen miedo. Eso es la ciencia y la magia”.
La pequeña Tici, a su vez, compartió con una sonrisa su pasión por el atletismo y el arte: “Me gusta mucho correr, porque en atletismo estoy más veloz”. Además, reveló su amor por los títeres y los dibujos, destacando su evolución artística: “Soy muy artística, aparte ahora han mejorado mis dibujos”.
Con el sueño de ser veterinaria cuando crezca, Tici ya tiene claro lo que le apasiona. “Cuando fui al zoológico con la escuela descubrí que me gustan los animales. Me gustaría ser veterinaria”, dijo con ilusión.
Finalmente, Romina brindó un mensajes para aquellos padres que atraviesan situaciones: "Estar abiertos a escuchar. No siempre estamos abiertos a recibir algún mensaje de que nuestros hijos están dando algún tipo de alarma. Eso, estar abiertos, consultar, es lo primero que tenemos que hacer porque no es nada malo, simplemente es una forma diferente de vivir. Nosotros vamos a acompañar esa forma", cerró.