El Presidente decidió hacer un viaje no previsto para visitar a Donald Trump en su residencia privada; ni siquiera estará en el país cuando el Senado se reúna para resolver la suerte de Lijo y García-Mansilla.
Por Joaquín Morales Solá
Para La Nación
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Por primera vez en mucho tiempo, varios senadores no están dispuestos a vaticinar definitivamente nada sobre el caso de los dos candidatos a jueces de la Corte, aunque la mayoría estima que, si se concretara la reunión del cuerpo prevista para mañana, los pliegos de esos magistrados propuestos serán rechazados. Un alto funcionario oficial señaló ayer que no se trata de evitar una derrota política, porque esa derrota ya existe, y agregó: “Pasó casi un año desde que el Gobierno envió al Senado los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla y no pasó nada. Solo recibimos propuestas de negociaciones con el kirchnerismo para que les entreguemos a ellos [o a ella, precisó] la Justicia”. A ella se refiere, desde ya, a Cristina Kirchner. Funcionarios oficiales viborearon en los últimos días por el Senado explorando la posibilidad de que no haya quorum para sesionar mañana. “Fueron gestiones sutiles, apenas perceptibles, con poco entusiasmo”, señaló una senadora del bloque de los opositores dialoguistas. Nadie sabe si esa falta de arrebato se debe a que el Gobierno guarda sus últimos recursos para una gestión a todo o nada en las horas previas a la reunión de mañana, prevista para las 14. O si, en cambio, es el resultado de posiciones encontradas dentro del oficialismo. Dicen, por un lado, que el propio Presidente se cansó de que lo “extorsionen” con el acuerdo a los dos jueces, pero otras voces agregan que el Gobierno necesita a esos magistrados sentados en el máximo tribunal del país. Existe la experiencia de un caso en el que el Gobierno forzó una decisión del Senado en la mañana de una sesión clave y pudo torcer la posición prácticamente adoptada del cuerpo. ¿Podría repetirse ese caso en la mañana agónica del jueves? Hay diferencias. Aquella experiencia pasada se refería a una propuesta de la oposición para crear una comisión investigadora sobre el escándalo de la criptomoneda $LIBRA. Eran el Presidente y su hermana los que estaban jugando un partido complicado. Tan complicado que algunos analistas de opinión pública establecen que ese escándalo fue el comienzo de una caída en la imagen presidencial. Esta vez se trata de dos candidatos a jueces de la Corte que el jefe del Estado ni siquiera conoce. Ninguna ráfaga estremece la cima.
De todos modos, una sesión fallida por falta de quorum no sería una mala noticia para el Gobierno. Perdido por perdido, podría defender la permanencia de García-Mansilla, el más cercano ideológicamente al mileísmo, en el único tribunal inapelable del país. Las situaciones de Lijo y de García-Mansilla no son la misma. Mientras García-Mansilla ya está integrado a la Corte por un decreto presidencial que lo designó en comisión, Lijo no pudo acceder a un lugar en el tribunal porque se negó a renunciar a su cargo actual de juez federal. La Corte le rechazó un pedido de licencia a Lijo como juez de Comodoro Py y le negó el derecho que sí le concedió a García-Mansilla. No hubo discriminación ni arbitrariedad: García-Mansilla no tiene ningún cargo en la Justicia, mientras Lijo es uno de los pocos y poderosos jueces federales de la Capital, cargo que el magistrado se negó a abandonar, seguramente porque no confía que el Senado le termine dando el acuerdo. No se recuerda un caso parecido al de Lijo en la historia de la Justicia: fue duramente cuestionado desde la ética y por sus condiciones intelectuales por organizaciones que bregan por una gestión eficaz, honesta y rápida de los tribunales. También lo impugnaron públicamente las más importantes entidades empresarias del país. García-Mansilla, que, al revés, tiene prestigio académico, hizo hasta ahora una alianza de hecho con los jueces supremos Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, y, por lo tanto, dejó en minoría al juez Ricardo Lorenzetti, que fue quien propuso a Lijo como integrante de la Corte.
La falta de quorum de mañana podría, en efecto, beneficiar objetivamente al Gobierno. La oposición kirchnerista pidió la sesión especial para tratar el acuerdo de esos candidatos a jueces supremos. La vicepresidenta, Victoria Villarruel, que es también presidenta del Senado, se la concedió en solo cinco días, aunque la convocó para dos semanas después. Villarruel evitó embarrar el recinto del Senado mezclando el acuerdo a los jueces con el proyecto de ficha limpia, que ya tiene media sanción del Senado y que solo requiere la aprobación de la Cámara alta. Cristina Kirchner se hubiera ofendido de nuevo. En definitiva, Villarruel convocó la reunión de mañana solo para tratar el acuerdo a los jueces. Si la sesión se cayera por falta de quorum, el Gobierno podrá decir que hizo lo que le pidieron, que la oposición no tuvo los números suficientes y que, por consiguiente, no puede pedir otra reunión en los próximos tiempos. ¿Cuál sería, en tal caso, el beneficio del Gobierno? Que García-Mansilla quedaría como juez de la Corte, porque puede serlo en comisión durante el actual período legislativo que vencerá el 30 de noviembre. En caso de que el pliego de los dos fuera rechazado mañana, García-Mansilla adelantó que renunciará como juez de la Corte porque habrá perdido legitimidad para seguir ocupando el cargo. Es previsible, además, que si continuara ocupando sus actuales funciones en la cresta de la Justicia, las decisiones de la Corte sean impugnadas y haya pedidos de nulidad, sobre todo en los casos en los que el voto de García-Mansilla sea clave para la decisión final del tribunal.
¿Qué posibilidades hay de que no haya quorum mañana? Teóricamente, ninguna. Cuidado: la teoría choca con la praxis política casi siempre. Veamos la teoría: el kirchnerismo afirma que pondrá los 34 senadores que tiene para que la Cámara logre reunirse, pero necesita 37 (la mitad más uno de todos los senadores) para iniciar la sesión. También adelantó que dará quorum la presidenta de la Comisión de Acuerdos, la senadora de Pro de la Capital, Guadalupe Tagliaferri, una legisladora eficaz y trabajadora a la que se le niega la posibilidad de la reelección –su mandato vence en diciembre– por las públicas disputas entre Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta; Tagliaferri se inscribió siempre en el espacio político de este último. La senadora explicó que su condición de presidenta de la Comisión de Acuerdos le impide su ausencia en una reunión convocada precisamente para tratar el acuerdo de dos jueces de la Corte, que son los acuerdos más importantes que debe decidir el Senado. Ya se cuentan 35 senadores. Faltan dos. Podrían agregarse el senador radical Pablo Blanco, que anunció desde el principio que votará en contra de Lijo, y Francisco Paoltroni, un exmileísta que también se opuso al actual juez federal desde el momento inaugural. Es probable que Luis Juez también ayude al quorum porque, a pesar de su amistad personal con Javier Milei, siempre le anticipó al Presidente que no está de acuerdo con la nominación de Lijo. Habría, según la teoría, entre 39 y 40 senadores dispuestos a dar quorum.
Pero, ¿cuántos senadores peronistas están dispuestos a darle la espalda al Gobierno? ¿Cuántos, cuando hay gobernadores del peronismo que hablan y negocian con el oficialismo y en cuyos liderazgos se referencian algunos senadores? Por eso, y excepcionalmente, el bloque peronista abrirá las puertas de sus oficinas el miércoles, feriado, para reunirse y establecer de una buena vez qué harán el jueves todos sus integrantes, si es que todos hacen lo mismo. El trance del bloque radical no es distinto. El presidente del bloque del radicalismo es el correntino Eduardo Vischi (“Peteco”, según lo llaman los senadores de su partido), quien depende políticamente del gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, obsesionado con que Lijo salga del Senado con el acuerdo en la mano. Valdés es un dirigente radical que antes logró hacerse de cierto prestigio en círculos políticos y empresarios nacionales, pero está a punto de perder esa reputación para quedar bien con el gobierno de Milei. Ocurre que Corrientes elegirá gobernador durante este año; Valdés anunció que estará en la boleta del oficialismo provincial, pero él no puede ser candidato a gobernador. Los ahijados políticos que suenan para candidatos a gobernar Corrientes son un hermano de Valdés (el nepotismo es una enfermedad grave en la política argentina) y el propio Peteco Vischi, a quien ayer se lo vio cerca de las oficinas de Milei. Ni Valdés ni Vischi quieren luchar en su provincia contra la popularidad de Milei. Vischi ya cometió varios papelones haciendo y deshaciendo lo que había hecho, tal vez por influencia directa de su gobernador. Valdés suele hablar con los senadores como si estos fueran empleados suyos, según denunciaron varios miembros del bloque del radicalismo. “El mandato popular lo tenemos los gobernadores”, los zamarrea. Es un error de Valdés. Los senadores son elegidos por el voto de la sociedad y ellos cuentan de igual modo con mandato popular. En cambio, el mandatario de Mendoza, el también radical Alfredo Cornejo, prefirió aconsejarle al Presidente, con el que tiene más coincidencias ideológicas que Valdés, que retire los pliegos de los dos candidatos a jueces antes de que sean rechazados. Los estilos describen a las personas.
Entre los votos de los senadores kirchneristas (basta con que sean 15 o 16, aunque ellos dicen que tienen por lo menos 25) más varios radicales y otros de Pro asegurarían el rechazo de los dos candidatos a jueces, según los cálculos previos a la reunión. Cristina Kirchner no está en condiciones anímicas de votarle los candidatos a Milei, a quien le atribuye, segura como nunca, la autoría intelectual de que le hayan retirado la visa para ingresar a los Estados Unidos. A su vez, la senadora radical Carolina Losada anticipó, por ejemplo, que está dispuesta a votar en contra de los dos candidatos, aunque le gusta la postulación de García-Mansilla, si ese es el requisito para que Lijo no llegue a la Corte.
La pregunta que nadie responde es cuánto influirán los gobernadores peronistas y radicales en sus senadores y a cuánto de estos los llevarán de las narices. El número mágico es 25. Esa es la cantidad de votos en contra que necesita Lijo para que su acuerdo no alcance los dos tercios. García-Mansilla tiene objeciones ideológicas de parte de los senadores, no éticas ni intelectuales, aunque algunos senadores, como Tagliaferri, lo objetan más por haber incumplido la promesa de no aceptar una designación en comisión (la terminó aceptando) que por sus ideas. García-Mansilla está más desprotegido que Lijo; él no es juez federal.
Mañana se jugará un partido crucial para el Presidente: el Senado decidirá si el mandatario tendrá en lo inmediato una Corte Suprema en condiciones de tomar decisiones rápidas o si los trámites serán más lentos. Por lo pronto, el jefe del Estado decidió hacer un viaje no previsto para visitar a Donald Trump en su residencia privada. Ni siquiera estará en el país cuando el Senado se reúna para resolver los acuerdos de los dos candidatos a jueces. ¿Necesidad? ¿Indiferencia? La necesidad de un acuerdo con el Fondo Monetario, donde Trump tiene una influencia decisiva, existe; la indiferencia con respecto del destino de los dos candidatos a jueces supremos es lo único que se destaca de Milei desde hace casi un año. Quizás porque nunca le gustó alistarse en causas perdidas de antemano.