Las mejoras en la higiene, la expansión de los antibióticos y el acceso a la vacunación, entre otras muchas causas, ayudaron a conseguir que se viva más y mejor.
Las mejoras en la higiene, la expansión de los antibióticos y el acceso a la vacunación, entre otras muchas causas, ayudaron a conseguir que se viva más y mejor. De una esperanza de vida fijada en torno a los 30 años durante siglos se pasó a los 72,8 en 2019, según la División de Población de las Naciones Unidas y se calcula que esta cifra aumentará hasta los 77,2 años en 2050. Otro dato importante es el de las personas que superan los 100 años, que alcanzaron el medio millón en el mundo en 2015, más del cuádruple que en 1990 y el objetivo ya no es vivir más, sino vivir más y mejor, es decir, longevos y felices.
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El envejecimiento saludable fue un tema de interés de George Vaillant, profesor de psiquiatría de Harvard Medical School, y que aborda en su libro “Aging well”. En el mismo, el experto detecta diferentes factores que influyen en la relación entre longevidad y felicidad. Tener la capacidad de resiliencia y adaptación ante situaciones difíciles, cumplir con hábitos saludables como no fumar o no consumir alcohol en exceso, practicar ejercicio físico diario, vivir en pareja o seguir formándose siempre que se pueda son algunos de ellos.
Por otra parte, la evidencia científica respaldó la hipótesis de que el estado de ánimo influye también en la longevidad. No sufrir estrés o ansiedad son algunos de los factores clave que hacen vivir más años. Según Montserrat Lacalle, psicóloga española experta en personas mayores y profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, son más longevas las personas que tienden al optimismo, que viven en pareja o o están rodeadas de una comunidad y, por tanto, evitan el aislamiento. En cuanto a la personalidad, la especialista afirma que la impulsividad disminuye la esperanza de vida.
Además, aclara que no se debe caer en la simplicidad de creer que quienes son más felices, viven más. “Tenemos que considerar que esta variable influye en otras. Por ejemplo, una persona con buen estado de ánimo probablemente tiene más vida social y una cotidianidad más llena de estímulos que una persona que sufre una depresión y que, seguramente, actúa de una forma radicalmente diferente”, expresó.
A pesar de que los elementos mencionados favorecen la longevidad, los expertos recuerdan que no hay una fórmula que asegure un envejecimiento saludable ni por qué unas personas viven más que otras. Macip dijo que hay factores genéticos que dependen de lo que heredamos de nuestros padres y otros están relacionados con el entorno y los hábitos de vida, a la vez que aclaró: “El peso que tienen unos y otros todavía no está claro”.
En este punto, el experto de la UOC agrega que se abusó del concepto de las zonas azules, es decir, aquellos lugares del planeta donde hay una concentración inusual de centenarios. A pesar de que esto puede dar la idea de que se debe a determinadas dietas o a características del entorno, asegura que la realidad es mucho más compleja.
Para Lacalle, “las sociedades no se están adaptando demasiado al envejecimiento y no están preparadas para afrontarlo. Hoy en día las familias tienen mucha movilidad geográfica, lo que dificulta que los hijos puedan cuidar de los padres, si no viven en el mismo país. Además, cada vez se tienen menos hijos y esto complica las atenciones”.