Santiago del Estero, Domingo 26
Mayo de 2024
X
Opinión y Actualidad

La política mundial en blanco y negro

La visión geopolítica de un Occidente a la defensiva, que debe armarse "para enfrentar a sus enemigos", sintoniza con los mapas de Moscú y Beijing y representa, como tal, otra amenaza al internacionalismo liberal.

13/04/2024

Por Fabián Bosoer, en diario Clarín
No corren vientos favorables para el internacionalismo liberal en el mundo. Las guerras en Ucrania y Gaza, la transgresión, omisión, contestación o inoperancia de las convenciones y regímenes que regulan el sistema internacional de Naciones Unidas en materia de prevención y resolución de conflictos e intervención en materia de ayuda humanitaria, “la humanidad al borde una pérdida absoluta de fe en las normas y los estándares globales” en palabras recientes del secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

Y del otro lado, visiones que, en Oriente y Occidente, en el hemisferio norte y en el hemisferio sur, tienden a caracterizar el escenario global en los términos de una lucha maniquea entre “las fuerzas del bien” y “las fuerzas del mal”, o en su versión teológico-política, entre las "fuerzas de la luz" y las "fuerzas de la oscuridad". En este contexto se inscribe el presidente Javier Milei anunciando “un alineamiento geopolítico activo (de la Argentina) con los EE.UU, en su lucha por los valores de Occidente contra los enemigos de la libertad”.

“¿Puede Estados Unidos salvar el orden liberal por medios iliberales?”, se pregunta el profesor Hal Brands, en el último número de la revista estadounidense Foreign Affairs (FA) que lleva por título “La era de la amoralidad”. Brands es Profesor Distinguido Henry A. Kissinger de Asuntos Globales en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Johns Hopkins y miembro principal del American Enterprise Institute.

Si el mundo está realmente atrapado en una contienda entre democracia y autocracia, “entonces Estados Unidos puede necesitar hacer concesiones morales en política exterior, pero involucrarse en una amoralidad grave resultará políticamente corrosivo”, escribe Brands. No es algo novedoso, es sabido. En tiempos de la Guerra Fría se justificaron golpes de estado y apoyos a regímenes represivos con el argumento de impedir que los países del Tercer Mundo “se volvieran comunistas”.

Advierte Brands: “un espíritu de pura conveniencia está plagado de peligros, desde la desilusión interna hasta la pérdida de la asimetría moral que durante mucho tiempo ha amplificado la influencia de Estados Unidos en los asuntos globales”. “El apoyo a la democracia y los derechos humanos no es una propuesta de todo o nada -concluye la nota de FA- Una política exterior que eleve los niveles de vida internacionales a través del comercio, aborde problemas globales como la inseguridad alimentaria y se mantenga firme contra la guerra entre las grandes potencias sirve muy bien a la causa de la dignidad humana”.

La visión de lo que está en juego en el escenario internacional actual divide aguas entre liberales y libertarios. No es solo una diferencia entre más principistas y más realistas, más extremistas o más moderados.

El liberalismo observa que los principios y valores occidentales deben defenderse fortaleciendo el sistema internacional definido en la Carta de Naciones Unidas: mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz.

El incumplimiento o violación de estos principios no homologa su vigencia, la evidencia de que es lo único que aleja al mundo de la completa anarquía internacional.

La visión geopolítica de un Occidente a la defensiva, que debe armarse para enfrentar a "sus enemigos", sintoniza con los mapas de Moscú y Beijing y representa, como tal, otra amenaza para la visión kantiana del internacionalismo liberal.

Le da la espalda al sueño de un mundo regulado por reglas y compromisos para resignarse -o reivindicar- la inevitabilidad de las guerras y conflictos por doquier, sin otra contención que la capacidad de defensa y sobrevivencia de cada pueblo, país, bloque de países y civilizaciones en pugna. El mundo descripto por Hobbes donde impera la anarquía.