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Diciembre de 2022
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Opinión y Actualidad

Salir ya del fracaso escolar masivo

La palabra de un experto sobre una realidad que debe preocuparnos a todos.

01/10/2022

Por Mariano Narodowski (*), en el diario Clarín
Las tomas de escuelas secundarias son la excusa perfecta para debatir los temas menos importantes y menos urgentes de la educación argentina. Discutiendo la pertinencia legal de las tomas, su legitimidad o sus causas (calidad y cantidad de viandas; climatización de las aulas; o pasantías) construimos una enorme excusa para huir del drama educativo central desde hace muchos años: el Fracaso Escolar Masivo.

El Fracaso Escolar Masivo no es solo la sumatoria de los “fracasos” individuales de los alumnos que no aprenden o que abandonan la escuela ni de docentes que no consiguen enseñar. El fracaso es también el de una sociedad, el de una dirigencia y el de un sistema educativo que permiten que hoy la Argentina se encuentre -entre 123 países de los cinco continentes- en el tercio de peores resultados en comprensión lectora para los chicos de 6to. grado de primaria.

Para que quede claro el tamaño del problema solo basta observar que en las Pruebas UNESCO, el país latinoamericano con resultados más parecidos a la Argentina es El Salvador, un país con una dictadura de cuarenta años (con guerra con Honduras incluida), una guerra civil con 75000 muertos y 15000 desaparecidos, sumido en la violencia narco, sin moneda propia, con niveles de pobreza que nos duplica y un PBI per cápita que es un 30% del nuestro, siendo una de sus principales fuentes de ingresos las remesas de los emigrados a Estados Unidos.

La enumeración de las características de este país con desempeño educativo similar al argentino -y ambos alejados de los países con mejor desempeño- es para que no osemos volver a invocar nuestros males pasados (crisis, dictaduras, guerra) para justificar la situación educativa, al menos por respeto a los hermanos salvadoreños.

En la Argentina, de cada 100 chicos que ingresan en primer grado solo 16 egresan en “tiempo y forma” del secundario: sin repetir curso y con saberes por encima del mínimo. De esos 16, solo 3 pertenecen a hogares pobres o indigentes: en un país siempre tan preocupado por la equidad esa es la igualdad y la ampliación de derechos que no pudimos resolver. Y todo eso sin considerar los efectos de la pandemia.

Claro, podemos seguir hablando de tomas de escuelas secundarias, así nos escapamos de un problema que también es padecimiento de por vida, sobre todo para los adolescentes de los barrios populares.

El Fracaso Escolar Masivo no aparece en la agenda de quienes toman o apoyan las tomas de escuelas pero no seamos injustos: tampoco en el resto de las dirigencias políticas (aunque no solo políticas) que opinan del tema educativo por medio de frases hechas, discursos poco sustanciosos y pocos datos. Es cierto que soy injusto: muchas jurisdicciones gobernadas por diferentes partidos hoy están encarando reformas interesantes, mucho más ambiciosas que las de la pre-pandemia.

Así, el Gobierno nacional, CABA, Mendoza, Rio Negro, Córdoba o Entre Ríos implementan innovaciones con el fin de salir del colapso de la educación. Algunas de ellas no son de mi agrado pero reconozco una voluntad férrea de dejar atrás a la banalidad que por décadas supuró la política educativa.

Pero estas iniciativas no son suficientes si la política no conforma masa crítica y liderazgos para hacerse cargo del Fracaso Escolar Masivo, con un programa nacional, políticamente consensuado, técnicamente consistente y con metas evaluadas rigurosamente.

Un programa que ya no puede estar en cabeza de un ministro de educación: hace falta que las más altas autoridades políticas de la república; es decir, presidente, gobernadores y los máximos refrentes legislativos, se pongan la camiseta de la educación. Que se convenzan de que también eso los beneficiará electoralmente. Que los aplaudiremos y votaremos. Que, y lo digo en su jerga, la educación “garpa políticamente”.

No me parece que este planteo sea utópico o ingenuo porque muchas mejoras en la educación no precisan de grandes cambios legales ni de exuberantes recursos financieros sino más bien de un Proyecto Educativo Nacional realizable y evaluable por cada provincia y cada escuela.

En otras palabras, no es imprescindible, al menos en un primera etapa, modificar la estructura socioeconómica o arreglar la deuda externa para empezar a avanzar. Incluso, aplicando varios artículos jamás aplicados de la Ley de Educación del 2006, el clima educativo cambiaría radicalmente y arrancaríamos con una espiral positiva, un círculo virtuoso que nos saque del colapso de la educación.

Conozco muchas familias, docentes, especialistas en educación, dirigentes políticos, sociales y empresariales sin distinción de partidos ni ideologías que estamos esperando la convocatoria. Y si no nos convocan nos auto-convocaremos.

Hay mucho por hacer… Y se puede… La cuestión es si queremos trabajar serio y duro con los que piensan diferente para salvar del fracaso a las generaciones que vienen o si las vamos a seguir entregando a la ignorancia y la exclusión.

(*) Mariano Narodowski es profesor de la Universidad Torcuato Di Tella. Académico Asociado de Argentinos por la Educación. Fue ministro de Educación de la CABA.

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