Santiago del Estero, Sábado 01
Octubre de 2022
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Opinión y Actualidad

Un “veranito” económico que puede ser la fuente de la inestabilidad futura

Lo que ocurra en 2023 será el resultado de la decisión política de continuar el camino iniciado hace poco más de un mes.

22/09/2022

Por Fernando Marengo, en el diario Clarín
Luego de haber estado al borde del precipicio, la economía transita un “veranito”, aunque con pronóstico de algunas inestabilidades. La necesidad de financiar al fisco y sostener el mercado de deuda, en un contexto de crisis de confianza, obligó al Banco Central a una fuerte emisión, provocando en los meses de junio y julio una gran masa de pesos excedentes. Al ser el mercado de cambios la contraparte del mercado de pesos, los excesos en este último generan presiones en el primero.

El ajuste del mercado de pesos se da por pérdida de reservas, recesión, brecha e inflación. La mayor emisión de pesos que los demandados por la economía explica la pérdida de reservas y la ampliación de la brecha cambiaria. En sus intentos por “cuidar” las reservas, el Gobierno restringe importaciones afectando actividad económica, a la vez que profundiza la depreciación del peso, lo que, sumado a los factores mencionados, acelera la tasa de inflación.

En la búsqueda de cierta estabilidad se debe ajustar el mercado de pesos. Dado que la dinámica de deterioro observada es el resultado del exceso de pesos, su solución demanda atacar al mismo tiempo los determinantes tanto de la oferta como de la demanda de estos.

La oferta de pesos es resultado del déficit fiscal menos aquella proporción de desequilibrio que se pueda financiar colocando deuda. Por ello, se debe reducir el déficit a la vez de incrementar el apetito por instrumentos de deuda.

En esta línea, el ajuste de tarifas y el recorte de gastos en algunas partidas no utilizadas buscan lo primero, mientras que la fuerte suba de tasas de interés, y la colocación de instrumentos indexados, intentan despertar la codicia por la deuda soberana de manera de poder refinanciar los vencimientos, a la vez que facilita la tarea del Banco Central a la hora de intentar esterilizar los pesos excedentes.

La demanda depende de la confianza. Si bien la inflación incrementa la demanda de pesos -hasta cierto punto-, este es el mecanismo de ajuste luego de existir un desequilibrio en este mercado. Lo demanda genuina es la resultante de la confianza en la moneda. Las medidas tendientes a fortalecer las reservas, como así también intentar un diálogo sensato con los organismos internacionales, podrían ser explicadas en este contexto.

Las medidas dispuestas para equilibrar el mercado de pesos, combinado con el crítico punto de partida, explican la sensación de “veranito”. Luego de las importantes pérdidas de reservas, a pesar de la aceleración en la depreciación del tipo de cambio, y el fuerte salto en la cotización del dólar en mercados alternativos a niveles récords -no solo nominales sino también reales-, las medidas anteriormente mencionadas permitieron “normalizar” la situación, retrocediendo un paso desde el abismo. Ahora bien, estas medidas podrían ser la génesis de la inestabilidad futura.

El necesario ajuste de tarifas erosiona los ingresos reales. La recomposición del precio relativo de los servicios públicos resulta crucial tanto por el lado fiscal como por el de las inversiones en el sector.

Ahora bien, la recuperación relativa de los mismos implica la pérdida de poder de compra de los afectados directamente por la medida, e indirectamente de toda la población por su impacto en inflación.

Recuperar la demanda de bonos permite refinanciar los vencimientos y el déficit. El canje de deuda y las sucesivas licitaciones permitieron despejar las necesidades de financiamiento de cortísimo plazo, pero incrementan fuertemente los vencimientos del año próximo, de deuda que ajusta por inflación, tipo de cambio o por la máxima variación que resulte de estas variables (duales).

Recomposición de reservas. La misma es resultado del incremento de algún pasivo. Las divisas de organismos internacionales incrementan la deuda con estos. En el caso del “dólar soja” la contraparte es la emisión de pesos, que, mientras queden depositados, son esterilizados incrementando, junto con los intereses, los pasivos del BCRA.

En la medida que estos fondos sean utilizados, aumentará la circulación de pesos, con sus posibles impactos en el mercado de cambios. Dado que esta liquidación de divisas no es resultado de una anterior acumulación extraordinaria de stocks, la venta actual provocará menor oferta futura de dólares; al mismo tiempo que la “lógica” de comprar divisas caras para venderlas luego a menor precio genera al Banco Central una pérdida cuasifiscal.

Veamos los posibles escenarios y el condicionante político. El 2023 será un largo año electoral. Además de las elecciones presidenciales, el desdoblamiento de las elecciones provinciales augura un prolongado período electoral, a la vez que supone la reticencia política o continuar con las medidas que permitieron estabilizar las variables nominales.

Lo que ocurra en 2023 será el resultado de la decisión política de continuar el camino iniciado hace poco más de un mes, y la repercusión que tenga en la población. Profundizar el sendero iniciado generando confianza devendría en un escenario de estabilidad; sin embargo, si la confianza no se revierte la variable de ajuste sería el crecimiento económico.

Ahora bien, si se sucumbe a las presiones por recomponer los ingresos, el resultado será nuevamente la pérdida de reservas, la aceleración de la depreciación, ampliación de la brecha y una inflación aún mayor. Estos escenarios podrían ver fuertemente afectados si se profundiza la incipiente sequía, o si para el próximo invierno no se encuentra operativo el nuevo gasoducto.

A los riesgos anteriores se le suma la idea mágica de la devaluación, siendo sus “beneficios” por los menos dudosos en una economía que tiene tanto el gasto como la deuda pública indexada o en dólares, siendo la única excepción de los pasivos monetarios. Ahora bien, todo lo expuesto hace referencia exclusivamente al cortísimo plazo. En Argentina nunca parece el momento propicio para avanzar en las reformas que busquen revertir el deterior secular del país.