Santiago del Estero, Martes 16
Agosto de 2022
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Opinión y Actualidad

Crítica de "Bullet Train": Brad Pitt en el tren de los asesinos

David Leitch, el que fuera doble del actor en varias películas, dirige este explosivo cóctel de acción y comedia que adapta el libro de Kotaro Isaka.

05/08/2022

Por Fausto Fernández
Para Fotogramas

Cuando en este frenético tren bala que se mueve más por la abracadabrante inercia de las casualidades que por la velocidad de su alocada sublimación del cine de acción (del cine del propio David Leitch) vemos que el personaje de Joey King (quien se diría surgida de un sueño húmedo del Quentin Tarantino de Kill Bill) lee con interés la súper pulp Shibumi del magistral Trevanian todas las cartas de este flipante divertimento sobre el asesinato (y la mala suerte) quedan al descubierto. Bullet Train, fiel en lo esencial de su jardín zen con asesinos de élite fracasando una y otra vez en sus misiones e interacciones a la novela del japonés Kôtarô Isaka, sería El expreso de Chicago (Arthur Hiller, 1976) pasada por el sentido de lo extremo de los bolsilibros de Trevanian. Solamente adaptado al cine en una ocasión, la alpinista Licencia para matar (1975) de y con Clint Eastwood, el universo de “sancionadores” a sueldo del escritor se apodera de una historia que son muchas historias, de un cartoon con personajes que no ocultan jamás su condición de dibujos animados.

A todo tren

David Leitch se pasea arriba y abajo; dentro y fuera, de este tren sin frenos como ese revisor que pide a cada uno de sus pasajeros un billete de ida que es en realidad una seña de identidad de cada uno de ellos. Cada asesino da pie a una descripción que juega con diversos géneros y referentes, desde el narcoculebrón texmex protagonizado por Bad Bunny a la surrealista comedia de toma y daca (Punch & Judy como bien acaban confesando) que la pareja británica (Mandarina y Limón: unos increíbles Aaron Taylor-Johnson y Brian Tyree Henry, el eco siglo XXI de los Mr. Kidd y Mr. Witt de la bondiana Diamantes para la eternidad) pasando por el slapstick más adorablemente primario de los Tres Chiflados en esa impagable pelea en el vagón del silencio.

Bullet Train se sonríe con su enrevesada serie de conexiones que llevan a un atar cabos final a golpe de katana, puñales, somníferos, maletines macguffin, sicarios con dudas laborales y otros objetos letales. No por nada Leitch deja que sea una botella (literalmente) la que resuma todo el film en un plano secuencia. Y deja que sea un Brad Pitt como nunca, una especie de Gastón el Gafe en terapia que prefiere hablar las cosas antes que matar a sus interlocutores, quien conduzca este cóctel molotov a mil por hora.

Para pasajeros de la acción clase turista con billete irónico de primera.