Mientras el Gobierno destaca el superávit comercial y la recuperación de la actividad, la demanda interna continúa débil y el consumo masivo permanece por debajo de niveles de 2023.
La semana económica dejó un balance con señales contrapuestas. Por un lado, los indicadores vinculados al sector externo y a la actividad productiva mostraron mejoras significativas; por el otro, el consumo interno continúa sin recuperarse y se mantiene como uno de los principales puntos débiles del escenario actual.
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En el frente externo, las exportaciones continúan en alza y en abril se registró un superávit comercial récord cercano a los USD 2.710 millones, impulsado por el aumento de ventas al exterior. En paralelo, el Banco Central aceleró la compra de divisas, lo que llevó a que las reservas internacionales se acerquen a los USD 47.000 millones, un máximo dentro de la actual gestión.
En el plano interno, la actividad económica también mostró una recuperación en marzo respecto de febrero. Según los últimos datos, la economía creció un 5,5% interanual, consolidando niveles altos en lo que va de la administración de Javier Milei. La mejora alcanzó a la mayoría de los sectores, incluyendo industria, construcción y comercio, que venían de caídas previas.
Sin embargo, la recuperación no se traslada de forma homogénea al consumo. La demanda interna sigue rezagada y se mantiene como el principal factor de preocupación. De acuerdo con un informe de la consultora Claves, el consumo masivo se encuentra 11% por debajo de los niveles de enero de 2023, afectado por el aumento de tarifas y la pérdida del poder adquisitivo en un contexto de inflación aún elevada.
Este escenario profundiza la idea de una economía con “dos velocidades”: mientras sectores como agro, energía y minería exhiben crecimiento, otros como la industria y el comercio apenas comienzan a estabilizarse tras fuertes caídas en años anteriores. Esta dinámica también se refleja en las disparidades regionales, con provincias en expansión y otras aún en situación crítica.
En materia inflacionaria, las proyecciones indican que la desaceleración sería gradual. Las estimaciones privadas ubican el índice de mayo en torno al 2,3%, levemente por encima de lo esperado inicialmente, aunque aún en niveles inferiores a los registrados meses atrás.
El economista Jorge Ávila, profesor del CEMA, advirtió que será complejo sostener una baja más pronunciada de la inflación si no se refuerza la estabilidad macroeconómica. En ese sentido, señaló la importancia de reducir el riesgo país y recuperar el acceso al financiamiento internacional, un punto que también fue remarcado por el Fondo Monetario Internacional en su último informe técnico.
El organismo destacó los avances fiscales del Gobierno y la acumulación de reservas, aunque insistió en la necesidad de fortalecer la posición del Banco Central y volver a los mercados internacionales para garantizar financiamiento sostenible en el mediano plazo.
En ese contexto, el desafío principal sigue siendo equilibrar la mejora de los indicadores macroeconómicos con una recuperación más sólida del consumo interno y el poder adquisitivo de los hogares.