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Opinión y Actualidad

La reforma tributaria es esencial para restaurar la prosperidad en la Argentina

La desmedida carga tributaria expulsa a trabajadores y empresarios del sector formal, pero con los cambios necesarios el país puede volver a la riqueza que alguna vez tuvo.

Hoy 06:30
Foto de archivo.

Por Iván Cachanosky y Geoffrey Lawrence (*), en diario La Nación
Los impuestos en la Argentina son tan altos que expulsan a los trabajadores y empresarios del sector formal. Javier Milei fue elegido con la promesa de terminar con los déficits crónicos, domar la inflación y recuperar el crecimiento. Cumplió rápidamente con los dos primeros puntos de esa promesa. La estabilidad monetaria y el equilibrio fiscal eran condiciones necesarias para el crecimiento, pero no son suficientes para restaurar el legado de Argentina como una sociedad próspera.

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El verdadero obstáculo que impide un crecimiento sostenido es un sistema impositivo que asfixia la actividad formal y empuja a casi la mitad de la fuerza laboral a la informalidad. De los 155 impuestos que recaen sobre empresas y familias, solo siete representan el 87% de la recaudación total. El Banco Mundial estimó que estas capas de impuestos suman una carga efectiva promedio que supera el 106% de las ganancias de una empresa típica. Es la segunda tasa efectiva de impuestos a las empresas más alta del mundo, solo por detrás de Comoras, un pequeño país insular frente a la costa sudeste de África. Este nivel de tributación destruye todo incentivo a la inversión o el emprendimiento y hace imposible el cumplimiento pleno.

    Millones de argentinos se han refugiado en los márgenes de la sociedad para escapar de estas capas impositivas, vaciando la base tributaria

Los aportes patronales y laborales suman entre el 35 y el 41% de los salarios. A eso se suma el impuesto a las ganancias que deben pagar los trabajadores registrados. Estos gravámenes generan una brecha impositiva que lleva a muchos trabajadores a concluir que pueden mejorar su salario de bolsillo aceptando arreglos informales y ocultando sus ingresos, incluso si sus remuneraciones nominales son más bajas que las de los trabajadores registrados.

Millones de argentinos se han refugiado en los márgenes de la sociedad para escapar de estas capas impositivas, vaciando la base tributaria. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el 44,1% de la población ocupada trabaja en la informalidad. Si bien puede ser una elección racional frente a incentivos tan perversos, la estructura macroeconómica resultante limita las oportunidades de crecimiento. Las empresas informales o no cumplidoras tienen acceso limitado al crédito y pocos incentivos para invertir en maquinaria o capacitar trabajadores, porque su objetivo principal es ocultar su actividad.

Nuestra investigación compara los datos de encuestas de hogares del Indec con las variaciones en los impuestos provinciales sobre los ingresos brutos y demuestra que una mayor presión tributaria está fuertemente asociada con el aumento de la informalidad laboral. En la construcción, por ejemplo, cada punto porcentual adicional de impuestos corresponde a un aumento del 8,5% en la informalidad, incluso después de considerar factores atenuantes. Eso significa que cada aumento de impuestos genera menos recaudación total porque la gente pasa muy rápido a la informalidad. En teoría, las rebajas impositivas podrían aumentar los ingresos públicos si los hogares y las empresas responden volviendo al cumplimiento.

Bajar impuestos no tiene que ser un acto de fe. Lawrence, el autor principal, recomienda un enfoque gradual y basado en datos para la reforma tributaria, que le dé tiempo al sector privado para responder antes de avanzar a las fases siguientes. Este enfoque garantiza la estabilidad de los ingresos públicos mientras la estructura impositiva se vuelve gradualmente más simple y racional.

La Fase 1 reemplazaría los impuestos provinciales sobre los ingresos brutos por un sencillo impuesto a las ventas al consumidor y reduciría el IVA nacional al 10% de manera recaudatoriamente neutra. Al mismo tiempo, el sistema de coparticipación debería reestructurarse para alinear la autoridad de gasto con la responsabilidad política de recaudar. Las provincias administrarían y cobrarían directamente muchos de sus propios impuestos, y algunas podrían contar con un fondo transitorio de estabilización para mantener los niveles actuales de recaudación. Milei discutió recientemente esta idea a grandes rasgos.

La Fase 2 eliminaría progresivamente los impuestos distorsivos al comercio para que Argentina pueda insertarse en los mercados mundiales. La Fase 3 concretaría reducciones de tasas a más largo plazo sobre el impuesto a las ganancias y los aportes previsionales.

Junto con estas reformas, el plan de blanqueo impositivo incluido en la ley de modernización laboral sancionada en marzo de 2026 será un catalizador clave para que los argentinos vuelvan a la economía formal. El blanqueo permite que una empresa que contrate un nuevo empleado registrado sobre el cual no se hayan hecho aportes previsionales en los últimos 12 meses (señal de informalidad previa) pague solo un 2% de aportes patronales por hasta cuatro años por ese empleado.

En conjunto, estos cambios podrían sacar a los argentinos de las sombras donde se escondían de los impuestos. Más fundamentalmente, podrían representar un cambio cultural profundo, porque los argentinos ya no se sentirían obligados a ocultar su vida y sus ingresos. La confianza mutua podría volver a ser rasgos definitorios de la vida argentina.

Argentina fue alguna vez uno de los países más ricos del mundo. Puede volver a serlo. Solo hace falta el entorno de políticas correcto.

(*) Cachanosky, jefe de Economía a la Fundación Libertad y Progreso. Lawrence, director de investigación de Reason Foundation, un think tank libertario estadounidense.