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La explicación del musicoterapeuta sobre la bailarina con alzheimer

Marta González, cuyo nombre artístico fue Marta Cinta, murió en marzo de este año en España.

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21/11/2020 -

Hace poco tiempo se hizo viral las imágenes en la cual una bailarina española de 89 años que padecía alzhéimer recordó perfectamente la coreografía del lago de los cisnes al escuchar la música que sonaba desde su auricular.

Este hecho conmovió a todo el mundo y concientizó sobre el “poder” del arte y la danza en sí.

Es por esto que Infobae se comunicó con su musicoterapeuta quien comentó que la fallecida bailarina vivió en Cuba, luego en Estados Unidos, lugar en dónde tuvo su escuela de baile.

Marta González, cuyo nombre artístico fue Marta Cinta, murió en marzo de este año en el país que la vio nacer, mientras vivía en una residencia para mayores. Debido a que padecía Alzheimer, tenía importantes estados de tristeza y melancolía, hasta que una asociación sin fines de lucro -que fundó y dirige Pepe Olmedo– puso al alcance de los profesionales que la atendían una maravillosa herramienta: la música.

Al poco tiempo, Marta comenzó a mostrar notables mejoras en su ánimo y dejó de lado la nostalgia. Su musicoterapeuta descubrió que “El Lago de los Cisnes” había significado mucho para ella en su juventud, y que había un renacer en su cuerpo y en su mente cada vez que volvía a escuchar esa música.

“Escuchar la música de su vida con unos auriculares, mejora el estado y calidad de vida de personas con enfermedad de Alzheimer y otras demencias”, sentenció Olmedo desde el sitio de la Asociación Música para Despertar, explicando que las últimas áreas en desaparecer del cerebro de una persona con Alzheimer son las encargadas de la memoria musical y de la capacidad para sentir emociones. “Se muestran resultados positivos en la agitación y ansiedad de los participantes, mejoras en su calidad de vida, en su estado de ánimo, en sus recuerdos, en su estado físico y fisiológico, en su socialización; así como el efecto que se traspasa a familiares y trabajadores”, afirmó.

“Los efectos hacen ‘despertar’ a la persona momentáneamente, parece que por instantes vuelve el movimiento coordinado, vuelven emociones intensas, vuelve un lenguaje más coherente, vuelven recuerdos de toda una vida, y lo más importante, vuelve el sentimiento de autonomía, se sienten importantes, protagonistas y únicos, y disfrutan de ese momento, su momento, aunque ya su vida tenga una dirección fija y difícil, el camino será lo más arropante y amoroso que se pueda, hasta el último de los suspiros”, aseguró Olmedo.

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